Águila calzada
(Hieraaetus pennatus)


Orden: Accipitriformes Familia: Accipitridae
OBSERVACIÓN:
Si miramos con detenimiento al cielo es posible que veamos algún ejemplar sobrevolando el parque.

Águila calzada sobrevolando el parque
DESCRIPCIÓN:
Precisa, como norma, de parajes arbolados para criar, pero suele frecuentar también áreas semiarboladas, claros de bosque, matorrales abiertos, paisajes en mosaico, pastizales o cultivos, ya que es allí donde obtiene buena parte de sus presas habituales.
ALIMENTACIÓN:
Las aves constituyen, en la mayoría de las regiones, el grueso de la dieta de esta rapaz. Normalmente, elige especies de tamaño medio, que varían en función de las disponibilidades del hábitat que ocupan, si bien sus presas más comunes son palomas torcaces, perdices, mirlos, zorzales, rabilargos, urracas, arrendajos, abubillas o codornices. El conejo es el mamífero que más consume y, allí donde todavía abunda, se constituye en una pieza básica de la alimentación del águila. No es infrecuente que capture también algunos reptiles, en particular lagartos ocelados, y que, en épocas de escasez, atrape grandes insectos, como saltamontes y langostas.
REPRODUCCIÓN:
Al reinstalarse en su territorio de nidificación, las águilas calzadas inician una serie de espectaculares vuelos nupciales que permiten la consolidación de la pareja, tras lo cual, proceden a la construcción de un nido o a la reparación del usado en años anteriores. La puesta tiene lugar entre mediados de abril y mediados de mayo, según las regiones, y consta habitualmente de dos huevos (en ocasiones uno y raramente tres) de color blanco, que se cubren de motas pardas a lo largo del proceso de incubación. Esta se prolonga durante 36-38 días y corresponde esencialmente a la hembra, mientras que su compañero se ocupa del aporte de presas. Los pollos nacen a lo largo de junio y son atendidos por ambos adultos, aunque la hembra permanece más tiempo con ellos. En unos 50-55 días -a veces, algo más- se desarrollan completamente y abandonan el nido, aunque no se independizan hasta dos semanas después.
NIDIFICACIÓN:
El nido lo ubican siempre en la horquilla de un árbol, a una altura variable entre los 6 y los 16 metros. Se trata de una estructura algo desordenada de palos, tapizada con ramas frescas, que puede alcanzar 1-1,2 metros de diámetro y medio metro de altura.
CANTO:
Su sonido más característico es un grito estridente y aflautado, fli fli fli fli.
MIGRACIONES:
Se trata de un ave fundamentalmente migradora de largo alcance. En los últimos años se viene registrando un cierto número de individuos que pasan el invierno en las marismas del Guadalquivir y en las provincias costeras del Mediterráneo, lo que se interpreta como un fenómeno relacionado con posibles procesos de sedentarización. Los ejemplares jóvenes, tras su emancipación, emprenden una serie de recorridos erráticos que suelen conducirlos hacia el noreste de la Península. El paso posnupcial por el estrecho de Gibraltar se detecta principalmente en septiembre, aunque muchos ejemplares demoran el cruce y se pueden observar aves hasta bien entrado el otoño. El retorno a las áreas de reproducción tiene lugar entre marzo y mayo.

AMENAZAS Y CONSERVACIÓN:
Se han citado como principales amenazas para la especie la degradación de áreas forestales por talas e incendios y las bajas ocasionadas por la caza ilegal, especialmente durante el periodo de la media veda. También suponen una fuente de problemas el expolio de nidos, las colisiones y electrocuciones en tendidos eléctricos, las molestias por la apertura de pistas, las actividades forestales o ganaderas cerca de los nidos y la acumulación de plaguicidas organoclorados. El águila calzada aparece en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial.